Desde la Primera Intifada que Ismail Faraj es fotógrafa de trinchera, también especializada en cine documental y formación como herramientas de cambio social en Palestina
Suheir Ismail Faraj tiene 56 años y nació en Al-Khader, Cisjordania. Aunque para esta entrevista la encontramos en el barrio del Raval, en Barcelona, aprovechando uno de sus huecos libres durante su visita a la ciudad condal en el marco de un proyecto de cooperación entre SUDS y Women & Media Development (TAM), una organización palestina de comunicación y formación audiovisual para la cual trabaja como directora general, y es socia fundadora.
Actualmente vive en Dheisheh, –tercer campamento de personas refugiadas más grande de Cisjordania, ubicado al sur de la ciudad de Belén y con una población de 18.000 personas–, junto a su marido, también periodista y reportero en el diario Al-Quds, y dos de sus sus tres hijos.
Titulada en Enfermería –porque no le quedó más remedio, según confiesa–, inició su carrera profesional como fotógrafa, periodista, y también en cine documental. Siendo ya muy joven se vinculó al movimiento estudiantil y, casi de manera espontánea, cubrió las manifestaciones de la Primera Intifada contra la autoridad represora de Israel, que comenzó en 1987 en Gaza y que rápidamente se extendió como un levantamiento masivo por toda Cisjordania.
Suheir cuenta con una amplia trayectoria en televisión, documental y comunicación, que incluye la dirección de varios cortos y largometrajes exhibidos internacionalmente. Entre sus obras más destacadas se encuentran The Ground (2003), una película en blanco y negro que aborda la propiedad de la tierra en Sudáfrica y Palestina, y Palestinian Diaries (1990-1991), su obra más personal y el primer mediometraje que codirigió junto a Abdel Salam Shihada y Nazeh Adel Darwazeh, y que fue galardonado por el Institut du Monde Arabe (París). Además, ha trabajado como periodista y fotógrafa para diferentes agencias internacionales de noticias y canales de televisión, entre ellos ABC News y Channel 4; y desde hace más de 20 años que trabaja como formadora dentro de Women & Media Development (TAM).
Empezaste estudiando Enfermería en Jerusalén. ¿Fue algo vocacional?
No exactamente. En aquel momento era lo único que podía estudiar. Jerusalén estaba bajo control israelí, y como ya había pasado por prisión de muy joven, no se me permitía acceder a la escuela pública. La única opción era la educación privada, pero no tenía dinero para pagarla. Y Enfermería era lo único que me podía permitir.
Fuiste encarcelada muy joven, con solo 15 años. ¿Qué ocurrió?
Estaba en décimo grado cuando estalló la Primera Intifada, era abril de 1987. En ese momento, todos los presos palestinos en cárceles israelíes mantenían una huelga de hambre debido a las duras condiciones que vivían en los centros. Junto con otros compañeros de clase, participamos en una sentada frente a la Cruz Roja en solidaridad con ellos, y el ejército israelí nos atacó. Detuvieron a cientos de personas, entre ellas a mí. Y estuve dos meses en prisión.
La prisión, como para muchas familias palestinas, – el 20% de la población (el 40% en el caso de los hombres) –, y más desde el 7 de octubre de 2023, también es una experiencia que atraviesa la historia de tu familia.
Sí. Mi hijo Ismail ha sido arrestado tres veces: una bajo detención administrativa, y dos tras procesos judiciales relacionados con su activismo estudiantil y político. En total, pasó cinco años en prisión. Mis hijas nunca fueron arrestadas, pero han sufrido las consecuencias de la detención de su hermano. Mi marido fue detenido en numerosas ocasiones durante la Primera Intifada, e incluso antes. Mi hermana mayor, Maryam, fue arrestada varias veces bajo detención administrativa. Mi único hermano fue detenido en múltiples ocasiones antes de ser asesinado por el ejército israelí el 10 de mayo de 1989, también durante la Primera Intifada, tras ser atacado con disparos cerca de nuestra casa. Mi padre fue arrestado cuando yo tenía cinco meses y posteriormente deportado al Líbano, donde también fue asesinado en 1976, cuando yo tenía unos seis años.

¿Cómo llegas al periodismo si no tenías formación previa?
Empecé en una oficina de prensa como asistente, recopilando información, opiniones y noticias. Era en plena Primera Intifada, así que todo sucedía en la calle. En ese contexto, uno de mis colegas fotógrafo, fue arrestado, y necesitaban a alguien que grabara. Trabajé como camarógrafa y fotógrafa con ABC News, WTN, Reuters y la agencia AFP a través de la Oficina de Prensa y Medios de Belén. Más adelante trabajé en Shepherds TV y en Al-Quds Educational TV, y posteriormente colaboré con la BBC y Channel 4 como realizadora de documentales. Mi trabajo para medios internacionales se extendió hasta mis 40 años.
¿Qué edad tenías cuando empezaste?
16 años. Era muy joven, y de las pocas mujeres cubriendo periodísticamente lo que pasaba. Y menos detrás de una cámara.
Aprendiste sobre la marcha…
Totalmente. No tenía demasiada formación, pero no paraba de trabajar. Aprendí mucho de mis amigos y compañeros, y luego como asistente (fixer) para equipos internacionales. En cierta manera, filmar se convirtió en mi manera de entender y de explicar lo que estaba pasando.
Palestinian Diaries es una de tus primeras experiencias en el documental y, además, un proyecto profundamente personal. ¿En qué contexto se da esta oportunidad y por qué surge en ti la necesidad de filmar tu propia historia?
Durante la etapa que estuve trabajando para Channel 4 cursé un taller formativo de seis meses, y junto con algunos compañeros de clase decidimos trabajar en este proyecto como trabajo de final de curso. Todos teníamos necesidad de contar lo que nos rodeaba, que era lo que inundaba a la mayoría de la población palestina, por eso lo llamamos Palestinian Diaries.
Durante el documental entrevistas a varias personas de tu familia, entre ellas tu abuela y tu madre. ¿Fue a la vez un ejercicio de exploración e investigación personal para entender cosas que no sabías de tu familia?
Totalmente. Fue durante la película cuando, por primera vez, le pregunté a mi madre por qué no acompañó a mi padre al Líbano tras su exilio.

“Se unió a la Organización para la Liberación de Palestina. Él siempre ha sido más patriótico que los demás. Para él siempre lo más importante ha sido la lucha”, responde tu madre a la pregunta durante el documental.
Sí, mi madre lo pasó muy mal y nunca volvió a ser la misma… A los pocos años mataron a mi padre y luego a mi hermano, y delante nuestro.
“Ha sido el golpe más duro de mi vida. Odio esta vida, odio el mundo, odio a los israelíes. Nos han dejado sin nada. Ismael ha sido deportado y asesinado. Mi hijo también lo ha sido. ¿Qué queda entonces en esta vida? Mi hijo y mi marido han sido asesinados. La vida es realmente miserable”.
Extracto del documental Palestinian Diaries, en el que la madre de Suheir expresa su testimonio ante la cámara.
Women Media and Development (TAM) fue establecida en septiembre de 2003. En más de 20 años de trayectoria ha impulsado diversos proyectos orientados a fomentar la participación política de las mujeres y a combatir la violencia machista. ¿Cuáles fueron las circunstancias y motivaciones que dieron origen a la organización?
La fundamos entre cuatro amigas y profesionales. En ese momento, tampoco había mucha información que saliera de Palestina, y los medios de comunicación, tanto israelíes como extranjeros, tenían una perspectiva muy tergiversada de las mujeres palestinas. Las pintaban como sujetos pasivos, casi siempre reducidas al papel de esposas o víctimas.
Puedo decir que, a través de la creación de TAM, hemos contribuido a empoderar a las mujeres para que alcen sus voces, documenten la narrativa palestina desde una perspectiva feminista y amplifiquen la perspectiva de género en la cultura mass media. A través de la formación, podemos contribuir a que las personas jóvenes cuenten sus propias historias bajo su punto de vista y con un equipo y acompañamiento profesional. Además, creo que el cine documental puede ser una herramienta de apoyo psicosocial y empoderadora.
¿Vas al cine actualmente?
No, cuando era niña iba mucho, teníamos uno cerca de casa, pero ahora ya no queda casi nada. Solo existen algunas salas muy limitadas con una programación muy cerrada y poco interesante, para mi gusto. Antes había cines en muchas ciudades, pero cerraron. El cine como la cultura palestina está en peligro y casi oculta bajo la ocupación.
Para terminar… ¿Cómo ves el futuro de Palestina a corto plazo, y cómo te gustaría participar en este proceso como directora, comunicadora y formadora audiovisual?
Creo que el futuro de Palestina, a corto plazo, está lleno de desafíos tanto en el ámbito político, como humanitario y social, especialmente bajo el yugo de la ocupación, la violencia y el bloqueo político. Al mismo tiempo, considero que la sociedad palestina, especialmente las mujeres y la juventud, tiene una gran capacidad de resiliencia y de reconstrucción.
Me gustaría participar como apoyo a las mujeres, para que participen en la toma de decisiones y dispongan de las herramientas y los recursos necesarios para la resistencia, la resiliencia y la rendición de cuentas, utilizando los medios de comunicación y el cine como herramientas de cambio social. Para seguir documentando la narrativa palestina desde una perspectiva feminista y defender la justicia, la libertad y la dignidad de nuestro pueblo.