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Próxima parada: Islas Baleares

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04/09/2026
Proyección del Grupo de Acción Antifronteras Laissez Passer, en el marco de una campaña que, en verano de 2025, proyectó en la Torre de en Beu -donde se encuentra el IVE, el radar del sistema de vigilancia de embarcaciones marítimas-, da la bienvenida a las personas migrantes en 22 idiomas. | Fotografía de Laissez Passer

El 25% de las llegadas de personas migrantes por vía marítima en España es en las Baleares, donde las infraestructuras limitadas y la carencia de coordinación marcan su acogida

En las Islas Baleares, las llegadas de embarcaciones de personas migrantes chocan con las oleadas de turistas —y no turistas— que año tras año aumentan la gentrificación de las islas. En el año 2025, llegaron 7.321 personas migrantes en 400 embarcaciones, lo cual supone un aumento de casi un 25% de llegadas respecto al año anterior, explica Margalida Capellà Roig, profesora de Derecho Internacional Público en la Universitat de les Illes Balears y directora del Observatori de Migracions a la Mediterrània (OMIMED).

Según Capellà, dentro del contexto global español, el principal destino de las embarcaciones tipo patera sigue siendo las Islas Canarias, a pesar de que las llegadas han bajado alrededor de un 50%; y en cambio, las Baleares es el lugar donde más han aumentado. En estos momentos, a las Baleares llegan el 25% de las llegadas totales en España. “Una explicación de la bajada de llegadas a Canarias es la política migratoria tanto de la Unión Europea como de España, que tiene convenios bilaterales de cooperación con Mauritania o Senegal, por ejemplo, en materia de policía y de extranjería. Evitan que la gente salga hacia Canarias”.

El informe Violencia y abandono institucional hacia las personas migrantes, publicado en octubre de 2025 por las organizaciones Irídia y NOVACT, señala que durante el año 2024, la reforma normativa del Código de Fronteras Schengen y la aprobación del Pacto Europeo de Migración y Asilo han reforzado este enfoque, a la vez que han restringido el acceso al asilo y han promovido la detención y devolución de personas al continente africano, incluidos menores de edad. Además, apuntan que estas políticas han supuesto la muerte de miles de personas durante el trayecto hacia el Estado español; y que el endurecimiento del control migratorio y la externalización de fronteras han desplazado las rutas de entrada al Estado, provocando un incremento de las llegadas a las Islas Baleares.

De Argelia a las Baleares

El origen de las embarcaciones que llegan a las Baleares es Argelia. El OMIMED, en su informe Llegadas a las Islas Baleares por vía marítima irregular 2025, publicado en marzo de 2026, subraya que esta ruta migratoria es una pieza más del conjunto de rutas migratorias del Mediterráneo Occidental.

Tal como explica la directora del Observatorio de Migraciones en el Mediterráneo, “hasta el año 2024, la mayoría de las personas llegadas a Baleares desde Argelia eran argelinas. Pero ahora esto ha cambiado, y alrededor de un 70% de las personas llegadas son originarias de la zona del Sahel. También están llegando personas de Pakistán, que son potencialmente solicitantes de asilo. Y también ha cambiado el perfil de las personas que llegan, porque hasta el 2024, llegaban mayoritariamente hombres solos; y ahora también llegan niños acompañados y no acompañados, y casi un 9% del total de personas llegadas son mujeres”.

Durante el 2025, la mayoría de llegadas han sido en Ibiza, Formentera, Mallorca y la isla de Cabrera, mientras que en Menorca solo se contabilizó una llegada. El OMIMED recoge que el circuito de atención varía mucho según la isla, y se documentan casos especialmente precarios. En Formentera, donde no hay Policía Nacional, la gestión recae exclusivamente en la Guardia Civil, que a menudo traslada las personas directamente hacia Ibiza. Hasta hace poco, además, no había ninguna infraestructura de acogida, cosa que dejaba a las personas migrantes en una situación de gran vulnerabilidad. Capellà explica que el caso más crítico es el de Cabrera, donde las llegadas se producen dentro de un Parque Nacional sin recursos: Salvamento Marítimo se limita al rescate, pero sin hacer ningún acompañamiento posterior, hecho que obliga a esperar la llegada de patrullas de la Guardia Civil para el traslado de Cabrera hasta Mallorca; a menudo con esperas largas, incluso de días. Este circuito implica múltiples desplazamientos marítimos —entre las islas y posteriormente a la Península— que agravan el estado físico y emocional de las personas migrantes, ya afectadas por el camino previo.

Además, explica que la mayoría de personas que llegan a las Baleares no se quedan en las islas. Hay quiénes ya tienen planificada la ruta hacia la Península u otros países europeos, especialmente si tienen familiares o contactos previos; otras personas entran dentro del programa de atención humanitaria del Gobierno español, y son trasladadas fuera de las islas con un billete de ferri —habitualmente hacia Barcelona o Valencia—, desde dónde, en teoría, son derivadas a centros de acogida repartidos por todo el territorio, según las plazas disponibles. Y finalmente, hay otras que quedan fuera de este programa, y todo esto depende de la nacionalidad. “El sistema hace una clasificación de la vulnerabilidad basada en la nacionalidad, de forma que a las personas originarias de la región del Magreb, a menudo, ni siquiera se les reconoce la posibilidad de solicitar el asilo”.

"El sistema hace una clasificación de la vulnerabilidad basada en la nacionalidad"

En general, cuando las embarcaciones llegan a puerto, la primera intervención la hace la Guardia Civil o Salvamento Marítimo, pero remarcan que no siempre hay atención humanitaria inmediata. Esta suele producirse posteriormente en el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE), que en las Baleares sólo existe en Mallorca. Si no, se hace en las dependencias de la Policía Nacional, como es el caso de las llegadas a Ibiza —o las que llegan a Formentera, que las llevan a Ibiza y entonces a las dependencias policiales—. En Mallorca, si los grupos son más numerosos, generalmente los derivan al CATE; y si no, también a las dependencias de la Policía Nacional. En el CATE es donde intervienen los equipos sanitarios y humanitarios de la Cruz Roja, a menudo de manera simultánea con el control policial. En las dependencias policiales puede haber presencia de la Cruz Roja, pero no es fija ni garantizada. Por todos estos motivos, nació en Mallorca en 2025 el grupo de acción anti fronteras Laissez Passer, dedicado a hacer eco y sensibilización a la ciudadanía sobre la carencia de atención y acompañamiento recibido por las personas llegadas a Baleares.

El informe de Irídia y NOVACT denuncia que las condiciones de detención en el CATE no cumplen con los estándares mínimos establecidos por los organismos internacionales, tanto por lo que respecta a las infraestructuras como a los servicios básicos. También señalan que se ha detectado una grave vulneración del derecho a solicitar el asilo, puesto que las personas retenidas al CATE no tienen garantizado el acceso a la información ni a la posibilidad real de tramitar la manifestación de voluntad de solicitar protección internacional.

Añaden que, una vez finaliza el periodo inicial de esta detención de las personas una vez llegan a las islas —ya sea en el CATE o en las dependencias policiales—, la mayoría son puestas en libertad en la estación marítima, donde pueden obtener el billete de ferri mencionado, mostrando un acuerdo de devolución. Las organizaciones señalan que esta práctica se lleva a cabo en el marco de un acuerdo no público entre la administración y la empresa Baleària.

Un verano (y un sistema) colapsado

Margalida Capellà explica que el año pasado, a partir del mes de junio, el sistema colapsó, porque cada día había llegadas y el sistema no aguantó esta presión. “Fue a partir de aquel momento cuando el Gobierno español vio que hacía falta una declaración de emergencia migratoria, que se votó en el mes de agosto y en septiembre se firmó en el Consejo de Ministros. Esto posibilitó que, por un lado, se ampliara el contrato de la Cruz Roja en Mallorca y se aumentaran las plazas en los centros de acogida; y también que se construyeran unos módulos de atención temporal a estas personas, porque llegaban a la estación marítima de Palma o Ibiza, o bien estaban en Formentera, y no tenían ningún cobijo”.

Irídia y NOVACT subrayan que en el desembarco no existen protocolos de coordinación entre los actores implicados, y que tampoco se garantiza una primera asistencia médica. De hecho, denuncian que, en algunos casos, la Guardia Civil escribe números identificativos en los brazos o manos de las personas con yeso permanente o rotuladores; y que la intervención humanitaria, la asistencia sanitaria y la detección de vulnerabilidades se llevan a cabo bajo custodia policial, sin privacidad ni con la traducción adecuada.

Capellà afirma que, a pesar de haber habido una respuesta institucional, habrá que ver si esta es una situación de emergencia, con una respuesta puntual; o bien si es una situación estructural, que se consolidará en el tiempo. “Los flujos migratorios ya muestran esta vuelta hacia Baleares: realmente no es hacia Baleares, es una ruta hacia Europa y que se encuentra en Baleares como un lugar en tránsito. Con la experiencia que tengo yo, durante el último año, había muy pocas personas que sabían ni siquiera dónde está Baleares. De hecho, había personas que pensaban que habían llegado a Barcelona”.

"Antes no había nada: llegaban a la estación marítima y no tenían ni agua ni comida. El verano fue realmente un desastre"

A pesar de la voluntad política —tanto española como europea— de frenar las migraciones mediante la negación de visados y la externalización de fronteras; los conflictos no se acaban, la pobreza no cesa, y las secuelas de un mundo (post)colonial continúan vigentes. Y con esto, el número de personas que emprenden un camino migratorio, tampoco disminuye.

En definitiva, el modelo de atención a las llegadas por vía marítima a las Islas Baleares se caracteriza por una gestión fragmentada según la isla y por la concentración de los recursos en puntos concretos como Mallorca, hecho que condiciona los itinerarios posteriores de las personas en tránsito y se basa en traslados sucesivos. Las limitaciones estructurales del sistema son evidentes, y se refuerza el papel de Baleares como un espacio de tránsito dentro de las rutas migratorias hacia Europa. “Es importante también quedarnos en que, el año pasado, hubo una crisis del sistema balear y que la respuesta institucional tardó y fue lenta. Pero también que ahora se han reforzado los módulos, y que al menos ahora las personas que llegan se pueden duchar y descansar, porque antes no había nada: llegaban a la estación marítima y no tenían ni agua ni comida. El verano fue realmente un desastre”, concluye Margalida Capellà.

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