Narrativas feministas para entender el mundo 

Sara Kershner: “El desafío es doble: apoyar la liberación palestina y, al mismo tiempo, disputar la narrativa sionista que se ha apropiado de la historia judía”

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03/26/2026

Madre soltera, queer, judía y antisionista: esta es la carta de presentación de Sara Kershner, cofundadora de la Red Internacional Judía Antisionista (IJAN). Originaria de Oakland (Estados Unidos), cuenta cómo su familia huyó del genocidio nazi —quienes no escaparon murieron— pero desmonta las teorías de la conspiración contra la comunidad judía que Israel propaga, y niega con contundencia que ésta sigue siendo perseguida en la actualidad.

Cuando era joven, su padre —un hombre gay que nunca pudo vivir abiertamente su identidad sexual— contrajo el VIH. Un hecho que la politizó profundamente. Desde entonces, ha militado en múltiples causas: de la pandemia del sida, a la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, la defensa de los derechos de la comunidad trans y la liberación del pueblo palestino.

Tras la Segunda Intifada (2000) abrazó de lleno la causa palestina. “Mis amigos me interpelaron, me dijeron que como judía, si no hablaba sobre Palestina, otros hablarían en mi nombre; se asumirá que toda la comunidad judía daba apoyo a Israel.” Y fue entonces cuando se involucró en una organización local de Oakland llamada Jews for a Free Palestine (Judíos por una Palestina Libre), con la que organizó muchas acciones directas contra organizaciones sionistas, interrumpiendo sus eventos, o lanzando las primeras campañas en torno al BDS.

Con el tiempo, sin embargo, se dio cuenta de que el sionismo no podía vencerse sólo desde el ámbito local. Para ella, la lucha debía articularse a escala global y vincularla con los principales desafíos y causas sociales de nuestro tiempo, tejiendo alianzas frente a las distintas formas de opresión y violencia, como el neocolonialismo, el fascismo y el racismo. Así nace IJAN (International Jewish anti-zionist Network).

¿Cómo y por qué nace IJAN?

En 2005 decidimos crear IJAN para afirmar que el desmantelamiento del sionismo seguía, sigue, una opción política legítima. Tras los Acuerdos de Oslo, se había instalado la idea de que solo había dos opciones: sionismo total o sionismo liberal. El desmantelamiento del Estado de Israel ya no se consideraba una posibilidad. Nosotras queríamos volver a poner esa opción sobre la mesa. Consideramos que el sionismo acepta y utiliza el antisemitismo como justificación política, y que además se ejerce contra el pueblo palestino.

Éramos unas 25 personas en el núcleo fundador, aunque en el lanzamiento participaron cerca de 200 judíos y judías de distintos países, incluidos judíos de origen árabe, ruso y de la Palestina del 48. Redactamos una carta fundacional y establecimos tres líneas de trabajo que mantenemos hasta hoy: confrontar a las instituciones sionistas, intervenir en la narrativa pública frente a la instrumentalización del antisemitismo y vincular el antisionismo con otros movimientos sociales. En la actualidad, IJAN tiene presencia en países como Estados Unidos, Argentina, Reino Unido, España, Canadá y Francia y es parte muy activa del movimiento global contra el militarismo y la represión sionista.

“Está habiendo un genocidio. Y la comunidad judía no puede determinar lo que debe ser Palestina”

Desde el 7 de octubre, ¿hay más tensiones entre la comunidad antisionista y el movimiento sionista?

Por un lado, el movimiento —antisionista— es masivo, puede que sea el más grande que haya existido nunca. Pero por otro lado, el “Gran Israel” está más cerca que nunca de convertirse en realidad. Esa es la principal tensión.

Al principio —tras el 7 de octubre del 2023— estábamos en la calle todo el tiempo: después del trabajo, por las noches, los fines de semana. Pensábamos que quizá en Estados Unidos podríamos lograr que Biden —presidente durante el comienzo de la ofensiva israelí contra Gaza— dejaría de apoyar a Israel. Pero es muy sionista y tiene un vínculo emocional con Israel. 

La primavera pasada hubo el Primer Congreso Judío Antisionista en Viena, un congreso que terminó por ser un debate entre si se tenía que ser antisionista, postsionista o no sionista. Pero ¿a quién le importa esto? Aunque al final concluyeron que se posicionan antisionistas. Está habiendo un genocidio. Y la comunidad judía no puede determinar lo que debe ser Palestina.

¿Cómo se enfrentan a la represión y al contexto cada vez más restrictivo en los Estados Unidos en vuestro papel como activistas? 

La represión viene de lejos, pero Trump es absolutamente fascista. Y también moviliza a fascistas en la calle.

En este contexto, también colaboró con el National Lawyers Guild, una red de abogados que defiende a activistas de movimientos sociales. Una de nuestras estrategias es cuestionar la noción de “guerra contra el terror” y el uso expansivo del concepto de terrorismo que se utiliza para criminalizar la disidencia.

Defendemos a personas acusadas bajo estas leyes y denunciamos la violencia estatal. Al mismo tiempo, impulsamos campañas de embargo de armas, señalamos a corporaciones que se benefician de la industria militar y presionamos a autoridades locales para que declaren zonas libres de comercio de armas. Y estas acciones no solo conciernen a Palestina, sino también a otros países afectados por la política exterior estadounidense (como Cuba o Venezuela, en la actualidad).

¿Cuáles son actualmente los principales retos del movimiento antisionista global?

El desafío es doble: apoyar la liberación palestina y, al mismo tiempo, disputar la narrativa sionista de la que se apropiado la historia judía para justificar opresión. Para mí, eso es una traición a la historia de resistencia judía.

Israel ha tomado todo eso y lo utiliza para obtener poder político. Las personas que fundaron Israel querían ser la élite en sus propios países de origen, pero como eran judías no podían, así que crearon un Estado donde tendrían poder global. No es que no hubiera antisemitismo, por supuesto que lo había, pero existen muchas soluciones para eso, y esa es una solución fascista, y es lo mismo que el fascismo que se usó contra nosotras. Por eso buscamos maneras de combatirlo.

En el ámbito educativo, nuestros educadores hablan sobre Palestina y enseñan una historia muy diferente del genocidio nazi. No aseveran que la conclusión natural —de esa persecución— sea Israel.

¿Se puede hablar de una comunidad judía antisionista consolidada?

Quienes defendemos abiertamente el desmantelamiento completo del sionismo somos todavía una minoría. Sin embargo, en Estados Unidos, por ejemplo, una mayoría de estudiantes universitarios judíos afirma no sentirse vinculada a Israel. Puede que no todos sean aún antisionistas, pero la tendencia generacional apunta en esa dirección. También enfrentamos fenómenos complejos: sectores de extrema derecha que adoptan un discurso “antisionista” pero mantienen posiciones racistas y antisemitas. Nuestra postura es clara: esta es una lucha antirracista.

Israel contribuye a más confusión sobre los judíos y alimenta las teorías de conspiración sobre la comunidad judía. Es complicado. Israel tiene mucho poder. Es absurdo. ¿Quién está atacando a los judíos en Estados Unidos y en Richmond? ¿Quién? Nadie.

“Honrar el Holocausto implica rechazar su instrumentalización política y reafirmar una ética universal contra el racismo, el colonialismo y el fascismo”

¿Qué significa “desmantelar el sionismo” en términos prácticos?

Significa exponer y aislar a las instituciones sionistas, cuestionar su financiación y su influencia política. Desde la organización hemos impulsado campañas contra el Fondo Nacional Judío para que pierda su estatus de organización benéfica, argumentando que actúa como entidad paraestatal al servicio del Estado de Israel. En Canadá logramos que se revocara ese estatus.

Para nosotras, honrar el Holocausto implica rechazar su instrumentalización política y reafirmar una ética universal contra el racismo, el colonialismo y el fascismo. Desmantelar el sionismo significa, en última instancia, reintegrar la historia judía de resistencia dentro de una lucha más amplia por la dignidad humana.

La forma en que Israel excepcionaliza el sufrimiento judío nos separa de quienes lucharon contra la esclavitud, de la gente en Sudán, en Ruanda, en todo el mundo, en lugar de unirnos. Así que nos separa del resto de la humanidad. Para nosotras, estos genocidios son específicos, tienen historias concretas, pero es una sola lucha por el reconocimiento del valor de la vida humana y de la humanidad. Y cuando dices que el nuestro es el más importante, en realidad nos deshumanizas. Nos separas del resto de los seres humanos.

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