Narrativas feministas para entender el mundo 

Las mujeres ponen el cuerpo para desafiar al régimen de Irán en las protestas en las calles

01/27/2026
Collage: Marta Hormaechea. Imágenes de la colección 'Iran Protests' de Taymaz Valley, bajo licencia CC BY 2.0.

Con toda una tradición de movilización feminista de décadas, las iraníes desde dentro y fuera del país luchan contra el apartheid de género impuesto en su país

Beirut

Shaghayegh Norouzi aún no ha visto el escurridizo sol de invierno. Esta activista iraní, radicada en Girona, pasa sus días confinada, con los ojos pegados a la pantalla. “Nuestra vida en el exilio es así, parece que estás en otro país, pero, en realidad, mentalmente no lo estás”, confiesa por teléfono. En su cabeza, Shaghayegh sigue en Irán. “Pasamos todo el tiempo encerradas en casa, leyendo y siguiendo las noticias”, añade la actriz instigadora del movimiento #MeToo en Irán. Esta vez, las calles de su país vuelven a arder y ella, de nuevo, está lejos para verlo. Pero no se pierde nada. Cualquier vídeo, cualquier mensaje que se cuela entre un Internet bloqueado por las autoridades supone una bocanada de alivio. Para quienes siguen al otro lado con ganas de luchar, esta mujer, que lo dejó todo para poder vivir, sueña con que pronto —muy pronto— las mujeres de su país logren lo mismo.

Firuzeh Mahmoudi comparte a diario imágenes llenas de simbolismo. Un cigarro encendido con el fuego que quema el retrato de su opresor, el líder supremo Ali Khamenei, unos zapatos de tacón desechados, sustituidos por un par de botas militares que pisan con fuerza sobre la tierra en llamas —“como si fueran a la guerra”, dice desde Estados Unidos—, o una canción de rap reivindicativo a rostro descubierto. En todos esos retratos, hay mujeres que no se esconden. Mahmoudi conoce esos gestos de valentía y las trágicas consecuencias que comportan. La presidenta de Unidos por Irán, una de las organizaciones de defensa de los derechos iraníes más respetadas del mundo, se hace eco de los esfuerzos de sus compañeras. Ella nunca podrá volver a Irán, pero celebra que las mujeres allí batallen contra el régimen que las oprime desde todas las esferas a su disposición.

“Están luchando por sus vidas, por su libertad, porque los iraníes se sienten rehenes” del régimen de los ayatolás, cuenta Mahmoudi a Yemayá Revista. “Luchan por un futuro mejor y saben que van a salir a la calle y que algunos perderán la vida, pero valdrá la pena porque ya no pueden, ya no podemos vivir así”, declara esta activista feminista y por los derechos humanos. La protesta empezó con un silencio raro, diferente. El 28 de diciembre, los mercaderes del bullicioso Bazar de Teherán bajaron las persianas de sus comercios para protestar por la pérdida del valor del rial iraní y por el deterioro de las condiciones de vida. Al cabo de pocos días, las protestas se extendían por todo el territorio iraní, alcanzando las 31 provincias del país.

Más allá de las deplorables condiciones económicas, agravadas por la escasez de agua, los cortes de electricidad, el creciente desempleo y una inflación desbordada, decenas de miles y millones de personas salieron a las calles para denunciar, a su vez, la falta de libertades. “La demanda de las mujeres iraníes y de todo el pueblo iraní en este momento es, casi unilateralmente, un cambio de régimen”, apunta Mahmoudi. “Claro que desean mayor libertad de expresión, libertad de creencias, igualdad de género, la desaparición del hiyab obligatorio para las mujeres, y todo lo demás, pero de forma directa y específica, la gente quiere la desaparición de la República Islámica y el comienzo de una nueva democracia secular”, afirma con rotundidad.

"La demanda de las mujeres iraníes y de todo el pueblo iraní en este momento es, casi unilateralmente, un cambio de régimen"

La respuesta del régimen ha sido, a su vez, rotunda. Primero, cortaron Internet en todo el país. Aprovechando que el mundo estaba a oscuras, desataron la violencia. La noche del 9 de enero fue una de las más letales. El apagón casi total de Internet impuesto por las autoridades ha dificultado de forma extrema la documentación de la escala de la violencia del gobierno contra sus opositores. “Lamentablemente, no tenemos una cifra exacta de muertos y hay mucha inconsistencia en el proceso de verificación, pero el consenso general sitúa la cifra por encima de mil, hasta llegar a los varios miles”, afirma Norouzi a Yemayá Revista. Entre las víctimas mortales confirmadas, hay decenas de mujeres también. “Durante los primeros días de protestas, ninguna organización feminista en Irán, ni ningún equipo o campaña feminista, se involucró, ni publicó ningún mensaje”, añade. El contexto regional la obliga a ser cauta. 

Irán publicó el miércoles pasado las cifras oficiales de víctimas mortales de las protestas masivas que comenzaron a finales de diciembre, afirmando que un total de 3.117 personas perdieron la vida. Una declaración del Consejo de Seguridad de Irán se refirió a ‘2.427 personas inocentes y guardianes del orden y la seguridad’.

A parte de la trágica situación económica de Irán, propiciada, en parte, por el retorno de las sanciones estadounidenses en 2018, el país hace apenas seis meses que salió de una guerra con Israel. Durante 12 días de junio, los aviones israelíes bombardearon territorio iraní, matando a 1.060 personas e hiriendo a otras 5.800. La ofensiva culminó con el ataque estadounidense a las instalaciones nucleares de Irán. Por ello, las autoridades iraníes no han tardado en atribuir el desorden civil a agentes extranjeros israelíes y estadounidenses, mientras el presidente Donald Trump amenaza con atacar el país. “Al principio, yo también me quedé algo paralizada, pensando que si decía una sola palabra sobre las protestas, eso justificaría una intervención extranjera sobre Irán”, confiesa Norouzi.

Sin embargo, el régimen lleva años tambaleándose, y las mujeres han sido las primeras en ponerlo en entredicho. “En Irán, las mujeres sufrimos un apartheid de género, porque somos tratadas como ciudadanas de segunda clase política, económica, y culturalmente, por el simple hecho de ser mujer”, explica Mahmoudi, a quién, en 2013, los líderes de la República Islámica calificaron de ‘fugitiva antirrevolucionaria’, calificándola en la práctica de enemiga del Estado. “Hay leyes que discriminan a las mujeres específicamente, y eso permea a través de toda la sociedad iraní; además, las mujeres tienen que cubrirse el pelo para no ser vistas como un objeto sexual para otros hombres”, denuncia. Precisamente, la respuesta a una melena al descubierto fue el catalizador de las últimas protestas, bajo el reclamo ‘Mujer, Vida, Libertad’.

En 2022, la joven kurda Masha Amini, de 22 años, fue detenida, torturada y asesinada por la policía moral iraní por no llevar bien puesto el velo. Decenas de miles de personas salieron a las calles dentro y fuera de Irán para luchar contra el apartheid de género que mata a las mujeres. Quemaron sus pañuelos al viento, y se cortaron el pelo en público, acciones sin precedentes en el país. “Fue un movimiento interseccional, centrado en las mujeres, liderado por mujeres, y por mujeres kurdas”, recuerda Mahmoudi, visiblemente emocionada. “Desde entonces, las iraníes han demostrado una valentía increíble en los últimos años simplemente al dejar de cubrirse, pese al riesgo de ser detenidas, y son tantas que las autoridades han perdido el control”, añade.

De nuevo, las mujeres iraníes están poniendo el cuerpo en las calles para desafíar al régimen de los ayatolás, basado en la ley de la sharía. “Lo que tenemos en la ley islámica es un sistema, por lo que si queremos combatir esta situación, debemos comprender cómo funciona este sistema y cómo beneficia a una parte de la sociedad, incluso a algunas mujeres”, subraya Norouzi. En 2022, las mujeres en Irán demostraron su voluntad de cambio y su valentía para llevarlo a cabo. Aunque parecía que esas protestas no consiguieron lo que exigían —acabar con la represión y el machismo institucional—, las mujeres iraníes no se han desmovilizado, pese a todos los obstáculos que el régimen iraní ha levantado contra ellas. Más bien al contrario, en las marchas masivas actuales, ellas siguen siendo las protagonistas. 

A cara descubierta, las iraníes están desafiando a la teocracia islámica arriesgando su integridad física y su vida

A cara descubierta, las iraníes están desafiando a la teocracia islámica arriesgando su integridad física y su vida. Las mujeres activistas, dentro y fuera de Irán, están elaborando propuestas para un futuro igualitario en el país. La política disidente Maryam Rajavi, presidenta electa del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, ha redactado un plan de 10 puntos para un gobierno de transición basado en el pluralismo, la igualdad de género, la separación de la religión y el Estado, y elecciones libres. “Tanto para la comunidad internacional como para la diáspora iraní, es fundamental que hagamos todo lo posible desde fuera”, defiende Mahmoudi. “Tenemos la seguridad, la libertad, la protección y la capacidad de hacer cosas que ellos no pueden hacer desde dentro”, concluye.

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