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Abdou Aziz, médico comunitario en Dakar: “El miedo al matrimonio forzoso lleva a muchas jóvenes a la migración clandestina”

El incremento de mujeres africanas que emprenden rutas migratorias está fuertemente marcado por violencias machistas en todo su recorrido.

Abdou Aziz Seck se sienta en una de las sillas de plástico del patio exterior de su casa. Mientras charla con sus hermanos y familiares su hija pequeña juega con su brazo, y éste la atrapa haciéndole cosquillas. Él es el presidente de los actores comunitarios de Path Toi, uno de los barrios más transitados de Dakar, capital de Senegal. Es médico, y su rol es coordinar actividades de identificación y prevención respecto a la sanidad y el bienestar, sobre todo de mujeres jóvenes “que viven sometidas a mucha violencia” según Aziz Seck. “Hace poco organizamos distintos grupos de debate para identificar las necesidades que las propias mujeres senegalesas demandaban a nivel de salud. Una gran mayoría querían acceder a un buen servicio de ecografías para su embarazo. Nuestro trabajo es buscar colaboraciones con organizaciones internacionales que puedan proveernos del material que necesitamos”, explica.

En los últimos años, Aziz Seck ha colaborado activamente con la ONG española Médicos del Mundo, en un proyecto que pretendía identificar las rutas mayoritarias panafricanas así como las violencias a las cuales están expuestas las mujeres en proceso de tránsito: “Empezamos en 2017 en Costa de Marfil. Nos reunimos representantes comunitarios de muchos lugares: yo representaba Senegal. El objetivo último del proyecto era alertar y concienciar sobre los peligros de las rutas migratorias clandestinas”.

¿Qué causas identificaste por las cuales las mujeres africanas emprenden la migración?
La gente, en su mayoría, escapa de la pobreza. Ya no hay trabajo. Pero respecto a las mujeres jóvenes hay que sumarle el miedo al matrimonio forzoso, que es la causa mayoritaria que hace que tantas dejen atrás sus familias y sus casas conyugales para enfrentarse a la migración clandestina. Hacemos un trabajo de formación y concienciación de estas chicas y sus familias para que puedan quedarse en sus países, y también hemos organizado movilizaciones sociales para que acabe el matrimonio forzado. Sobre todo con los líderes comunitarios, los imanes, para que nos ayuden a difundir el mensaje. Ellos son muy escuchados por la población, y si el imán lo dice es mucho más fácil que la gente lo acepte. A través de ellos hemos logrado que muchas mujeres se queden en sus países.

A nivel nacional, en Senegal, ¿en qué trabajáis?
En Senegal sobre todo trabajamos en escuelas para difundir la problemática con los alumnos. El 49% de las mujeres jóvenes en Senegal están forzadas a casarse, pese a que aparentemente sea una realidad menos visible que en otros países. Aún así, las tasas de migración de las mujeres senegalesas son mucho más bajas que las de otros países.

La tradición, nos contaban muchas mujeres en Senegal, es que la mujer se encargue de los niños y niñas y de las personas mayores. No pueden migrar teniendo gente a su cargo: deben quedarse en su país, trabajando y cuidando de ellos.
Así es… y me consta que dentro de los matrimonios no se reparten las tareas domésticas.

Hace pocos meses, realizaste un estudio sobre ello…
Separamos a hombres y mujeres y les preguntamos todas las tareas que hacen en su casa de la mañana a la noche. Básicamente, los hombres no hacen nada y las mujeres lo hacen todo. Ellas salen por la mañana a comprar el pan, limpian toda la casa, preparan el desayuno y la comida, el zumo que bebemos…

[Sohkna, la esposa del doctor, interviene: “nosotras lo preparamos todo, trabajamos y cuidamos a los niños. Y yo tengo hijos pero también trabajo”, añade desde la habitación de al lado mientras prepara yassa, un plato típico senegalés]

Organizamos unos grupos de discusión con hombres para hacerles entender que para tener una familia las dos personas deben colaborar. Muchos piensan que ellas no deben decidir nada. Es de nuevo el problema de la tradición. Se ha impuesto un sentido de dominación del hombre sobre la mujer, que es muy difícil cambiar, pero vamos poco a poco.

Si, en su mayoría, los hombres no colaboran en la casa, ¿lo hacen entonces económicamente?
Los hombres solían trabajar en la pesca o en el turismo. Pero ahora no hay ni una cosa ni la otra.

[El 18 de noviembre de 2020 el Parlamento Europeo renovó el protocolo que da acceso a barcos de España sobre las aguas de Senegal, Francia y Portugal durante un período de cinco años. Este protocolo, el cual se enmarca dentro de los Acuerdos de Colaboración de Pesca Sostenible (ACPS), permite pescar en la zona a 45 barcos europeos, 29 de ellos españoles, que destruyen el ecosistema arrasando el fondo marino y acaban con el pescado].

Si no pueden pescar se van a Europa a buscar trabajo. Han sido educados para mantener a su familia, a sus padres y a sus mujeres. Pero las mujeres se quedan y deben pensar en nuevas fórmulas para trabajar aquí.

Las mujeres en Senegal, en su mayoría, se quedan, pero en otros países de África las mujeres cada día emigran más. ¿Por qué crees que sucede?
En Guinea hay guerras entre pueblos, y esto hace que aumente siempre la violencia contra las mujeres. En Costa de Marfil, la guerra ha terminado pero sigue habiendo violencia. Los policías por la calle violan a las mujeres, es común que sufran violencia sexual, no sólo de sus maridos sino también en la escuela y en todos lados… Todo esto las empuja a marcharse, también por rutas clandestinas, para salvarse. En sus países no hay ninguna seguridad.

[Abdou hace una pausa y reflexiona].

Ayer mismo conocí a una joven guineana de 18 años. Vino al hospital porque se encontraba mal, aunque no tiene documentación aquí. Le gusta mucho jugar al básquet. Me contaba como en su país si eres una chica joven te suelen someter a rituales de brujería, y que muchas se van ya antes de la mayoría de edad para evitarlo. Me dijo que tiene amigas de su edad que ya están muertas.

Ellas se marchan porque no están a salvo, pero las rutas que emprenden están también llenas de peligros… ¿saben con lo que se pueden encontrar?
Son muy conscientes de todos los peligros que les depara la ruta. Cuando estaba en Costa de Marfil, seguimos la ruta desde Abiyan a Bamako. En Bamako cogían el autobús hasta la frontera Libia. Allí, en el desierto, actualmente está lleno de chicas jóvenes, y chicos también, bloqueados, porque no tienen recursos para volver ni para cruzar. Hablan con gente que les promete que les ayudará a cruzar el desierto. Lo aceptan y en muchos casos son secuestradas. Llaman a sus familias y les dicen que sus hijas las tienen ellos y que les deben mandar dinero para liberarlas.

¿Cuál es vuestro trabajo con las mujeres que se encuentran, o pueden encontrarse, en esta situación?
Creemos que lo más importante es que se conciencien, tanto ellas como sus familias, para evitar que crucen tanto el desierto como el mar. Cada vez son más las mujeres jóvenes que lo hacen. Cuando aún son bebés, luchamos para que las madres no se salten las citas de las vacunaciones y para que las inscriban en el ayuntamiento y puedan ir a la escuela. Cuando son adolescentes, trabajamos para que continúen en la escuela, hay una enorme cantidad de niñas que deja los estudios para poder ayudar en casa, porque las casan o porque tienen que prostituirse con tal de poder mandar algún ingreso a casa. Hacemos cursos de costura, peluquería, pintura… les enseñamos oficios para que puedan tener un trabajo.

Sobre todo trabajáis con chicas jóvenes.
Ellas son las que se van, entre los 17 y los 27 más o menos. Cuando son más mayores no suelen migrar.

Desde Cruz Blanca, una organización española que trabaja para proporcionar una buena acogida a las personas migrantes y en concreto a las mujeres, se considera que el porcentaje de mujeres africanas que llegan a las Islas Canarias y que acaban en redes de trata es del 95%. ¿Cuál es el papel de estas redes en el tránsito de las mujeres?
La prostitución es clave en el cruce de fronteras. En Kidira, frontera entre Senegal y Mali, cruzar sin papeles es casi imposible. Hay hombres que se les acercan, en silencio, y les dicen que ellos pueden conseguir que pasen, pero a cambio de sexo. Se ven forzadas a hacerlo, porque ya no es solo pasar la frontera, es su supervivencia la que está en juego. Y ellas lo saben ya de antes, son muy conscientes de ello: si su padre las obliga a casarse a los 17 años y se van de casa, ya no pueden volver. Tendrán demasiados problemas si vuelven. Entonces, toman todas las precauciones posibles para afrontar este tipo de violencias.

¿Cuánto tiempo suelen estar solas viajando?
La migración es un proyecto de vida. La gente que migra ya sabe que tendrá que estar seis meses o un año en cada ciudad y cada pueblo antes de poder llegar al siguiente punto. El problema es que, además, en muchos puntos quedan bloqueadas, porque en algunas fronteras no pueden ni seguir para adelante ni volver atrás. Tendrías que ver lo que sucede en Libia… son como campos de concentración. Al final, en el mar hay muchos riesgos, pero desde Senegal acaba siendo más fácil sobrevivir a los peligros del mar que a los de la tierra. Y el mar es mucho más rápido.

Según el estudio realizado por PorCausa ¿Dónde está el dinero? En el período 2015-2018, el 57% (12.500 millones de euros) de la financiación total de la respuesta a la llegada masiva de refugiados de 2015/2016 se asignó a medidas fuera de la UE” Además, en el nuevo Pacto sobre Migración y Asilo, la Comisión Europea refuerza las políticas de subcontratación del control migratorio a países terceros. Estas políticas que se esconden tras pactos de “cooperación al desarrollo” o “seguridad común” dificultan la circulación de los migrantes entre países africanos haciendo sus rutas mucho más peligrosas.
Yo siempre les recomiendo que, en la medida que puedan, intenten migrar por la vía legal: conseguir un pasaporte, un visado y todos los documentos. Pero muchas personas no lo consiguen. Creo que ahora estaban pidiendo 4 o 5 millones de francos CFA (6.000 o 7.000 euros) por el visado. Muy poca gente se lo puede permitir, y luego tampoco quieren quedarse. La gente se fija en aquellos casos que han acabado bien y quieren lo mismo para ellos y sus familias.

Según la OMS 91,5 millones de mujeres y niñas mayores de 9 años en África padecen actualmente las consecuencias de la mutilación genital femenina y se estima que en África 3 millones de niñas corren el riesgo de ser sometidas a la mutilación genital femenina cada año. Aunque en 1999 el Parlamento de Senegal prohibió por ley la mutilación genital femenina, ¿sigue sucediendo? ¿Es también una de las causas por las que no pueden volver atrás?
Pasa sobre todo en Guinea y Mali. Allí, los estados no se pronuncian al respecto. Pero por supuesto que la mutilación genital continúa pasando. Es muy común, también en Senegal. Aquí, en principio está prohibida, pero en zonas como Kolda es muy común, y en muchos pueblos sigue pasando. Cada vez hay más mujeres que luchan contra ello pero el peso de tradición es demasiado fuerte, las bloquea, el tema aún es tabú.

[Abdou Aziz se levanta un momento para contestar a su hermano, que le informa que la comida estará lista pronto].

Yo les digo a mis hijas y a las mujeres con las que trabajo que deben luchar, deben romper ese cristal, porque sino las dejan sin oportunidades.

¿Por qué otros motivos puede emprender la ruta migratoria hacia Europa una mujer senegalesa?
Muchas mujeres senegalesas también se van por motivos económicos. Aquí estamos obligados a cuidar de nuestros padres cuando se hacen mayores, pero no hay trabajo. En general, las mujeres que llegan a Europa, o a Mauritania o Marruecos, se dedican a hacer trenzas. Primero para devolver la deuda a quién les ha ayudado a cruzar el mar o el desierto, y luego para mandar dinero a sus familias. En algunos casos, los motivos son los mismos que los motivos de los hombres.

¿Existe algún tipo de mecanismo legal o político que ofrezca protección a las mujeres que sufren violencia, en Senegal?
Sí que existe, la Association de Femmes Juristes, por ejemplo. Ayuda a las mujeres que son forzadas a casarse, o a las que sufren violencia física por parte de sus maridos. Nosotros también lo hacemos, en colaboración con los ayuntamientos de cada pueblo y los imanes, pero es difícil porque ellas no se acercan a denunciarlo. Tenemos que identificar nosotros estas violencias, por eso creemos que es importante que le dediquemos muchos esfuerzos a la sensibilización. En la última encuesta que hicimos junto con Unicef, en diferentes escuelas pudimos confirmar que un alto porcentaje de las niñas que contestaron sufrían abusos dentro de sus propias escuelas, de otros chicos, del profesor o dentro de sus propias familias. Hay muchísimas niñas jóvenes que acaban abandonando sus estudios por toda la violencia que reciben.

Pieza publicada originariamente en El Salto

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